En un libro de hermanos difuntos de la cofradía de la Virgen de los Remedios (1770-1857), conservado en el Archivo Municipal de Cabra, una nota cuenta que Antonio de Rueda murió «de contagio» en Málaga en octubre de 1804, adonde había ido como comisionado del pósito a comprar trigo. Era la fiebre amarilla o «vómito negro», que en 1803 y 1804 mató a más de un tercio de los malagueños.
A partir de esa línea, Antonio Ramón Jiménez Montes reconstruye el contexto: la crisis de subsistencias, la llegada del contagio a Córdoba, Espejo, Montilla o La Rambla, las rogativas a la Virgen en Cabra y los informes médicos de la época, hasta el verdadero culpable: el mosquito.



