Noche de Reyes

5 minutos de lectura
Roscón de Reyes con almendras y azúcar, coronado con una corona de cartón, en blanco y negro

Solía ser una tarde muy ajetreada. Cumpleaños de mi hermana, merienda con el roscón, apagar las velas y cantar el cumpleaños feliz. Y sobre todo, ir por las tiendas que estaban abiertas hasta la medianoche. Nos encantaba salir y entrar hasta la hora en que nos dejaban. La mayoría de nuestros padres trabajaban en negocios y esa tarde era uno de los días de mucha clientela.

Eran tiempos donde no conocíamos los grandes almacenes. Ni tampoco salíamos más allá de nuestro entorno más cercano. Las compras se hacían en las tiendas y comercios que había en las calles por las que transcurría el día a día de nuestras vidas. En las nuestras se concentraban buena parte de las tiendas del centro. La calle Parrillas era el lugar de encuentro y a partir de ahí, a moverse por las más cercanas.

En la de la víspera del 6 de enero las tiendas y comercios estaban abiertas hasta después de las 12 de la noche. Toda una aventura. Siempre había algo que quedaba por buscar y sobre todo, aquel juguete que habíamos pedido a los Reyes Magos y que, con gran pesar, aún estaba en el escaparate. ¿Cómo nos lo iban a traer si estaba allí, tras el cristal, y era de los pocos que iban quedando?.

– ¡Los reyes son mágicos!, ya verás como aciertan y te traen lo que has pedido – decía mi madre intentando secar nuestras lágrimas de cocodrilo.

Seguíamos dando vueltas y entre algunas chucherías, llegaba la hora de la cabalgata que, aunque sencilla, siempre nos parecía espléndida. Creo recordar que incluso un año fueron los Reyes a caballo y un séquito de cabezudos y tambores que les acompañaban en la algarabía de una tarde fresca e invernal. Aunque no acierto a poder asegurar si es un recuerdo real o una de esas imágenes que la memoria virtual ha creado y conservado entre los viejos tablones de la alacena de nuestras vivencias.

No una, sino varias veces, visitábamos a nuestros padres. Una de las visitas obligadas era la de ir a ver a mi padre a la tienda. El Muygar, como lo conocía todo el mundo, o los Almacenes García Lucena, como oficialmente y con letras doradas de estilo inglés, rezaba en los mármoles de la fachada. Los grandes escaparates nada tenían que envidiar a aquellos de las tiendas que veíamos en la televisión, en blanco y negro, de las grandes ciudades.

Cuánta gente por la calle, con sus preciosas losillas hexagonales, que eran una exquisita alfombra para la zona peatonal de la calle Parrillas o Buitrago, e incluso hasta llegar a la calle de la Plaza. En ellas abundaban comercios, pastelería, heladería, tiendas de comestibles y chacinas, o de tejidos, perfumería, juguetería, imprenta y papelería, carnicería, pescadería, destilería, bebidas, especias, estanco, peluquería y joyería, panadería con su horno de leña y zapatos. Hasta farmacia había y no faltaban la droguería, alguno bares, la óptica ni la barbería. Un centro comercial en condiciones, si señor. Todo estaba a nuestro alcance con la cercanía y atención que prestaban tan grandes profesionales y mejores personas.

Y mi padre y los de mis amigas y amigos de la calle, nos recibían con prisa, pues era mucha la clientela a la que había que atender en aquellas interminables horas del 5 de enero, donde todo el mundo parecía querer comprar cosas. En las últimas horas, poco después de las 10, creo que se hacían descuentos de última hora y se animaba el trasiego de la gente que iba terminando la tarde de víspera de Reyes.

Luego tocaba irse pronto a casa, llenos de nervios e impaciencia, sabiendo que nos costaría dormir y que más tarde o más temprano, sentiríamos que llegaban los Reyes Magos a dejar sus juguetes junto a la chimenea. Algunas veces encontrábamos los regalos puestos en las escaleras que subían al desván. Nos decían que no habían podido dejarlos por la chimenea pues aún quemaban los rescoldos de las ascuas.

Un coche de juguete Seat 1500 sobre su caja de cartón, en blanco y negro

Al despertar, aún de noche, el juguete que habíamos pedido y que dudábamos de que pudieran traer pues estaba por la tarde en el escaparate, había llegado. Mi madre tenía razón, vaya si la tenía. Los Reyes no solo eran magos, eran mágicos.

Hoy en esta Noche de Reyes, con el revuelo de una magnífica cabalgata, con las calles a reventar de gentes y con un colorido digno de elogio, faltan algunas de las tiendas y comercios de los que fueron constante en nuestra infancia y juventud. En algunos casos, nos faltan las personas que encontrábamos detrás de aquellos mostradores que parecían altos y majestuosos. Aunque siguen con nosotros en la ilusión y en el emocionado y constante recuerdo.

Estoy convencido que, con su magia, los Magos de Oriente sabrán traer lo que nos convenga. Solo echaré de menos una cosa: el ruido de la puerta en la madrugada, cuando ya cerrada la tienda, entraba con todo sigilo mi padre. Entonces estaba seguro que muy pronto llegarían los Reyes.

N.A. Sirvan estas líneas como homenaje a todos los comerciantes, taberneros y profesionales que llenaron de actividad las calles de «Las Losillas»: Parrillas, Barahona de Soto, Plaza de España, Redondo Marqués, y también las de Juan Carandell, Santa Rosalía o Martín Belda, aquella cuadrícula de nuestros juegos infantiles que hoy conforma, casi en su mayoría, el Centro Comercial Abierto de Cabra.

Compártelo:

Escucha también

Lo he contado en la radio, en «La Historia entre líneas».

Más sobre mí

Sé el primero en comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Protección de datos

Responsable
Antonio Ramón Jiménez Montes.
Finalidad
publicar tu comentario con tu nombre y, si hace falta, escribirte sobre él. Tu correo no se publica.
Legitimación
tu consentimiento, al enviar el comentario.
Destinatarios
nadie, salvo obligación legal.
Derechos
acceder a tus datos, corregirlos o borrarlos (y los demás que te da la ley) escribiendo a contacto@jimenezmontes.com.

Más información en Privacidad.

Más sobre Textos personales

Ver el tema

  • Esquina de los almacenes García Lucena, con sus escaparates y balcones de hierro, en una foto retocada como acuarela

    ¡Que no daría yo….!

    Hoy es un día especial para mis recuerdos. Escuchaba temprano, con las primeras luces del día, esta bulería en la potente voz de una Rocío Jurado exultante y recordaba un sinfín de párvulas escenas. Me sorprende la capacidad de recordar imágenes con el paso de los años. Y más aún la claridad con la que afloran en esta etapa de…

    Leer el artículo

  • Dia de Reyes, día de contrastes.

    Siempre me pareció que eso de tener regalos por la noche de Reyes era un privilegio inmerecido. A esta conclusión llegaba tras comprobar que, fuera lo malo que uno fuera, siempre tenía algún regalo por la mañana. Aunque fueran caramelos, carbón dulce, monedas de chocolate o incluso algún juguete quitado de enmedio estratégicamente hacia mediados de octubre y que luego…

    Leer el artículo

  • Un muro de piedra cubierto de musgo y hiedra en un bosque de Friol (Lugo)

    #YoMeQuedoEnCasa – Volver a los 17

    «Después de vivir un siglo,es como descifrar signossin ser sabio competente. Volver a ser de repentetan frágil como un segundo,volver a sentir profundocomo un niño frente a Dios. Eso es lo que siento yoen este instante fecundo. Se va enredando, enredandocomo en el muro la hiedra,y va brotando, brotandocomo el musguito en la piedra,sí, sí, sí.» Rebuscando fotos antiguas en…

    Leer el artículo