Juan Valera murió en Madrid a medianoche del 18 de abril de 1905, un Martes Santo, en su casa de la cuesta de Santo Domingo. «El Imparcial», el diario en el que tantas veces había publicado, dedicó su portada del día 19 a la noticia y siguió en los días posteriores el duelo oficial: funeral a cargo del Estado en San Francisco el Grande, un Consejo de Ministros convocado por sorpresa y un permiso especial para que circularan los carruajes en Jueves Santo.
Antonio Ramón Jiménez Montes lee aquellas crónicas, del cortejo con Galdós, Maura o Romanones al sepulcro del patio de San Millán, desde donde sus restos llegarían después a Cabra.



