Los colegiales internos del Real Colegio, hoy Instituto Aguilar y Eslava, pasaban siete años estudiando teología y artes con una comida que las constituciones querían «frugal y sencilla»: pan y fruta al levantarse, ocho onzas de carne o pescado a mediodía, una cena ligera, aceitunas de postre y solo agua, porque el vino se reservaba para el día de la Purísima.
Con motivo de la recreación de la cena de colegiales del 8 de febrero, Antonio Ramón Jiménez Montes cuenta dónde estaban las cocinas y los comedores, los oficios del colegio, con cocineros franceses incluidos, el horario de un día de internado y los festejos de los años veinte, hasta el menú del homenaje a Valera de 1927.




