El callejero de Cabra se fue formando desde los privilegios de repoblación del siglo XIV y las licencias de los condes para crecer fuera de la muralla. Las calles tomaron nombre de sus edificios singulares o de sus vecinos ilustres, hasta que las órdenes de Isabel II obligaron a rotularlas y a numerar las casas con azulejos blancos y cifras en azul cobalto.
Con unas elecciones a la vista y el censo repartido por calles, Antonio Ramón Jiménez Montes repasa colaciones, barrios y planes de ordenación urbana, recomienda «Las calles de Cabra», de Antonio Moreno Hurtado, y cuenta la historia del callejón de la cuesta de San Juan, abierto por Luis de Aguilar y Eslava en 1668.




