La devoción a la Virgen de los Desamparados nació en la Valencia del siglo XV, ligada a una cofradía que atendía a inocentes y desamparados. Su imagen, la «Geperudeta», inclina la cabeza porque en origen se colocaba tumbada sobre los féretros. En Cabra está presente desde mediados del siglo XVII, cuando los condes de Cabra, emparentados con los Cardona, encargaron a Sebastián Martínez un cuadro para los Capuchinos, copia del de Tomás de Yepes en las Descalzas Reales.
Con motivo de los 150 años de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados en la ciudad, Antonio Ramón Jiménez Montes recorre esta iconografía y reflexiona sobre el exceso de procesiones extraordinarias.



