Leonardo Antonio de Castro, pintor y presbítero lucentino del barroco fallecido en 1745, pasó entre seis y ocho meses alojado en el convento de los capuchinos de Cabra. Allí pintó para el conde de Cabra y duque de Sessa, hacia 1689 y 1690, el gran lienzo de la Virgen Niña con San Joaquín y Santa Ana y el de San Francisco Javier, hoy en la iglesia de las Escolapias.
Antonio Ramón Jiménez Montes repasa las libranzas del conde, la iconografía de estos cuadros, sus obras en la Asunción y en Lucena y la faceta polifacética de este artista, y reivindica el foco barroco del sur de Córdoba. Recuerda también al catedrático Enrique Valdivieso.




