María Gómez Gil, nacida en Madrid en 1868, fue cantinera en Monte Arruit, cerca de Melilla, durante el asedio que siguió al desastre de Annual en 1921: llevó agua y consuelo a los soldados bajo el fuego, recibió tres tiros y perdió a su marido y a sus hijos. Sin haber pisado nunca Cabra, fue una gran devota de la Virgen de la Sierra.
A partir de un libro reciente sobre ella, Antonio Ramón Jiménez Montes repasa la historia de las cantineras y busca el origen de esa devoción en los soldados egabrenses de Melilla y en las campañas de «La Opinión». Ya como moza de aseos del Banco de España, María envió sus donativos para las losas del santuario.



