Los mármoles y jaspes de la Sierra de Cabra, como el rojo amonítico y la caliza blanca, se trabajan desde época romana, como muestra la inscripción que la ciudad dedicó a Vespasiano en el año 75, y vivieron su esplendor en el Barroco con el arquitecto lucentino Francisco Hurtado Izquierdo, muerto hace 300 años. Con Felipe V, la monarquía buscó piedras españolas para sus palacios, y el jaspe encarnado de Cabra acabó en las columnas de la colegiata del Palacio de La Granja de San Ildefonso.
Antonio Ramón Jiménez Montes lo cuenta en la semana de las jornadas del patrimonio barroco y repasa también cómo recogió la prensa local la muerte de Franco.



