Las vacaciones pagadas no cumplen ni un siglo: en España llegaron en 1931, con la ley del contrato de trabajo de la Segunda República, que reconocía siete días de permiso retribuido. Antes hubo villas romanas, peregrinaciones, grandes viajes de jóvenes acomodados, balnearios y baños de mar, hasta llegar al veraneo que popularizó el Seiscientos en los años sesenta.
En el último programa de la temporada, Antonio Ramón Jiménez Montes recorre esa historia y la de los veranos egabrenses: los viajeros que reseñaba «La Opinión» en 1921, las temporadas en el santuario de la Virgen de la Sierra, las piscinas del parque sindical, el baño de San Juan y la piscina del Poli.



