El 20 de agosto de 1908 llegó a Cabra la noticia: unos días antes, en Roma, el papa Pío X había declarado a la Virgen de la Sierra patrona principal de la ciudad. Era la culminación de un expediente que el ayuntamiento, el clero, el instituto, el Real Colegio, los conventos y las asociaciones de la ciudad venían preparando desde principios de siglo.
Antonio Ramón Jiménez Montes recupera las crónicas de «La Voz del Pueblo» y el edicto municipal que anunciaron la buena nueva, y la celebración de aquella noche: colgaduras en los balcones, palomas al vuelo y la banda municipal tocando pasodobles y las coplas de la Virgen.




