Publicado en la revista EVOCA Pasión, número 7 (Semana Santa de 2019).
La documentación oficial marca el 9 de enero de 1944 como fecha de creación formal de la Asociación (hoy agrupación) General de Cofradías de Cabra. Aunque hay algunos antecedentes que podrían situar sus primeros orígenes en un «Cabildo y Junta de Hermanos Mayores» de 1811 cuando se reunieron las cofradías de Cabra en la iglesia de San Juan Bautista del Cerro para «tratar de manera conjunta cómo actuar frente a los problemas que planteaba la invasión napoleónica», sería mucho más tarde, entre 1923 y 1929 cuando ya comienzan a plantearse de manera más o menos periódica, reuniones con el Ayuntamiento para que se ayudara desde la institución municipal a las cofradías.
Sería en 1932 cuando se habla nuevamente del Cabildo de las cofradías y más tarde, en 1938 tenemos las primeras noticias de una Asociación de Cofradías para «dar mayor impulso a nuestras procesiones de Semana Santa aunando esfuerzos aislados, para que todos los pasos puedan salir». En el año 1942 desde El Popular se hace un llamamiento para crear una nueva unión de cofradías y finalmente, en los últimos meses de 1943, se constituye una Junta Económica que será la que prepare el reglamento que dará origen a la actual Agrupación de Cofradías, aprobada en el mencionado Cabildo de 9 de enero de 1944.
A lo largo de estos 75 años han sido muchas las gestiones, actuaciones, vicisitudes y situaciones por las que ha atravesado nuestro máximo organismo cofrade. Y no es casual que fuera nuestra ciudad la primera de la diócesis y provincia de Córdoba y una de las primeras en Andalucía, en contar con una agrupación de cofradías. Las personas, la situación política, religiosa, el contexto sociocultural, la necesidad de contar con un organismo como este y, sobre todo, el destacado papel que tienen en la vida de nuestra ciudad las cofradías que lo integran, han sido las razones para que hoy podamos estar celebrando esta efeméride.
A lo largo de este tiempo se mantiene el objeto común que motivó en las personas que constituyeron la Agrupación hace 75 años: la necesidad de un organismo cofrade que aglutinara a las cofradías para desarrollar un trabajo conjunto y coordinado. Como señalaba la prensa local en 1944 «además de los trabajos particulares, la nueva organización enfocará su esfuerzo común que, con la unidad de dirección, dará mayor fruto a los resultados».
Un año importante para las cofradías egabrenses: 1944
La necesidad de una junta suprema de las cofradías dio como resultado la creación de la agrupación en enero de 1944. Un año de gran importancia para esta entidad y que hoy recordamos.
La Cuaresma de aquel año fue especialmente intensa. Hubo cultos en todos los templos (Aurora, Capuchinos, San Juan de Dios, Soledad, Santo Domingo, Agustinas y Asunción) lo que lleva a decir al cronista de La Opinión, en el número 1488 de febrero de aquel año: «se demuestra el carácter místico y piadoso de las siete semanas de Cuaresma».
La Semana Santa de Cabra en 1944 fue una de las más nutridas en pasos, de las que tuvieron lugar en los años posteriores a la Guerra Civil. En un contexto de crisis generalizada, en una España con hambre (como muestra de las calamidades en 1944 uno de los actos programados para el Día de la Sierra era dar una «abundantísima ración de pan» a los necesitados), las procesiones suponían no solo una «nota vibrante y pasional» llena de emociones, sino una forma de ayuda para las familias más necesitadas.

Las procesiones comenzaban el Miércoles Santo con las Necesidades y la Virgen de los Mártires (de la misma cofradía). El Jueves Santo salieron el Lavatorio, la Pollinita, el Preso, la Columna, la Penitencia (no se incluye la Virgen de los Remedios en la reseña de La Opinión) y la Virgen de la Amargura. De madrugada el Cristo del Socorro y la Humildad y Paciencia (de la Aurora). En la mañana del Viernes Santo, el Buen Pastor, el Nazareno y la Virgen del Mayor Dolor. Por la tarde la Expiración, las Angustias, el Santo Entierro y la Virgen de los Dolores. El Sábado Santo, la Soledad y el Domingo de Resurrección, el Resucitado, con una representación de todas las cofradías, en su primer año organizada por la recién creada asociación de cofradías.
Para que nos hagamos una idea, tanto durante la Cuaresma como en los días de Semana Santa no faltaba ambiente cofrade en las calles o, en las iglesias, celebraciones de todo tipo. «Los desfiles con las cuadrillas de soldados romanos, judíos de casco y de rostro, apóstoles, capuchones, nazarenos, cofrades, juntas de gobierno, hermanos mayores, bandas de música y secciones de cornetas, tambores y trompeteros, son emocionantes».

En aquellos años se cerraban teatros y bares. Se vivía un recogimiento que no solo nos resulta hoy desconocido, sino que nos parecería extraño y difícil de conseguir.
La semana de Pasión era la preparación inmediata a la inminente Semana Santa. «En ella las cruces se cubren con lutos y ceremonias litúrgicas de solemnidad más severa». Se intensificaban penitencias y ayunos. Muchos de los cultos se celebraban por la mañana, como el viernes de Dolores en la Soledad, con función solemne. El Jueves Santo, una vez recogidas las procesiones, tenía lugar el Miserere de Hernández que cantaba el Centro Filarmónico Egabrense. Y los monumentos se abrían después en todas las iglesias, conventos y parroquias.
En el contexto del nacionalcatolicismo franquista se impulsaron las hermandades y la crisis hacía que, solo quienes tenían recursos, pudieran costearlas. Para que no desaparecieran, en muchos casos se recurrió a determinados colectivos o gremios para que se hicieran cargo de ellas. Una especie de nueva burguesía local haría el papel de mecenazgo y dedicación que pudo mantener a las cofradías. Estos colectivos no solo impidieron la crisis casi inevitable, sino que pusieron las mimbres para el mantenimiento y la evolución de las cofradías y la Semana Santa egabrense.
La nueva Junta de la Asociación no dejaba de organizar actividades para recaudar fondos: muestra de objetos de las cofradías en el Instituto-Colegio, «donde se vieron martirios y disciplinas que ya no se usaban»; Festival Pro-Semana Santa con proyecciones de películas de González-Meneses y música en directo de la orquestina de Pepe Rodríguez («que hacía parecer que no era cine mudo»); concurso de saetas. Todo empezaba a funcionar con la idea de trabajo conjunto.
Así nacía hace 75 años nuestra Agrupación General de Hermandades y Cofradías, como asociación de asociaciones de cofrades. Y como decía su primer reglamento de 1944, se crea «con el fin de realzar y dar mayor esplendor a la festividad religiosa de la Semana Santa, rindiendo al mismo tiempo el debido culto externo a las sagradas y veneradas imágenes que en los solemnes días de la Semana Santa desfilan por las calles de esta ciudad». Y también «para constituir la cofradía de Cristo Resucitado» indicando que tendrá su sede (cofradía y agrupación) en la parroquia de Santo Domingo siendo hermano mayor honorario el arcipreste y párroco del antiguo templo dominico, Antonio Povedano Roldán.
A lo largo de su existencia, la agrupación de cofradías ha tenido elementos comunes que constituyen el peso de los objetivos más destacados:
- La Carrera Oficial, el mantenimiento de una Sede, la realización de cursos y otras actividades de formación cofrade, convivencias, guía espiritual.
- La importante labor en cuanto al mantenimiento, creación y conservación del patrimonio histórico-artístico de nuestras cofradías.
- La celebración de la Semana Santa y la organización de todo lo que conlleva en sintonía con el Ayuntamiento. Y junto a la organización de los horarios e itinerarios, el pregón, el cartel de Semana Santa, la carrera oficial o la procesión de Jesús Resucitado, una de las manifestaciones externas más singulares de la existencia de la agrupación desde sus inicios.
Todo ello sin dejar atrás las relaciones con instituciones públicas, entidades privadas, con la Iglesia o entre las propias cofradías.
Acontecimientos importantes han tenido lugar en esta historia de la Agrupación: la declaración de la Semana Santa como Fiesta de Interés Turístico Nacional (1989), la incorporación de Cabra a la red Caminos de Pasión (2011) o la entrega de la Medalla de Oro de la Ciudad a la Agrupación y a las cofradías.
Todas las personas que formaron parte de la Junta de Gobierno de la Agrupación, que estuvieron representando a cofradías en los Cabildos, que fueron presidentes, que colaboraron de una u otra manera con este importante organismo cofrade, están representadas en este mandato del 75.º aniversario. Todas las iniciativas llevadas a cabo, con más luces que sombras, como en todo colectivo humano, han permitido un mejor desarrollo y funcionamiento de nuestra Semana Santa, la más destacada manifestación externa que desarrollan las cofradías, con tanta repercusión en nuestra ciudad.
Y no es menos destacable el gran número de personas que, de una u otra manera, están implicadas en la vida, gestión, funcionamiento y puesta en escena de las cofradías. Si atendemos a los datos que cada año se publican en el programa de horarios e itinerarios, hablamos de más de 7.000 personas que conforman el movimiento asociativo más importante de la ciudad. Y no es menos importante la generación de riqueza que aportan en todos los sentidos: patrimonio, turismo, cultura, religiosidad, arte e historia, relaciones sociales y comportamientos como grupo.
La presencia pública de las cofradías como expresión de piedad popular es también parte constitutiva de nuestra sociedad y esencial para entenderla. Como señala Isidoro Moreno, siguiendo al francés Marcel Mauss, la Semana Santa es un «hecho social total».
«Es una celebración cíclica y repetitiva, de expresión ritual y vehículo simbólico, que contribuye a significar el tiempo y a demarcar el espacio. Establece una relación entre lo sagrado y lo profano, la ceremonia y lo lúdico, la celebración y la rutina, la institucionalización y la espontaneidad, la liturgia y la inversión, la trasgresión y el orden, la estructura y la comunidad, las dimensiones de lo público y de lo individual».
A todo ello contribuyen nuestras cofradías reunidas en la Agrupación General que, al cumplir estos setenta y cinco años de vida, pone de manifiesto su importante pasado, su destacado presente y, sobre todo, su imprescindible futuro como exponente de una importante realidad social y cultural de nuestra ciudad.
Publicado en la revista EVOCA
Este artículo salió en EVOCA Pasión, número 7, en la Semana Santa de 2019. Aquí puedes descargarlo tal como se publicó, con todas sus fotos. Se reproduce con permiso de la revista.





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