En el año 325, el Concilio de Nicea, considerado el primer concilio ecuménico, fijó el credo que aún se reza, condenó el arrianismo y estableció la fecha móvil de la Pascua, de la que dependen la Ascensión, Pentecostés o el Corpus. Su gran impulsor fue Osio, obispo de Córdoba y consejero del emperador Constantino.
En los 1.700 años del concilio, Antonio Ramón Jiménez Montes repasa la figura de Osio, el papel del antiguo obispado de Egabro desde el Concilio de Elvira y las celebraciones previstas, como la procesión magna de octubre en Córdoba, y reflexiona sobre el traslado del Corpus al domingo, la religiosidad popular y las procesiones.



