Hace ciento cincuenta años, la Revolución Gloriosa abrió el Sexenio Democrático, y con la ley de diciembre de 1869 los bienes de la Corona pasaron al Estado. Entre ellos estaba la Alhambra, abandonada y amenazada por la idea de vender en pública subasta los antiguos reales sitios. Juan Valera, subsecretario del Ministerio de Estado y después director general de Instrucción Pública, fue clave para evitarlo.
Antonio Ramón Jiménez Montes repasa su papel en aquellos años convulsos, su cargo de grefier del Toisón de Oro, la real orden de 1872 que confirmó la Alhambra como monumento nacional y sus intentos, siempre fallidos, de ser diputado por Cabra.



