El 16 de julio de 1918, Carmen Jiménez Flores, vizcondesa de Termens, celebró su santo organizando la primera Romería del Carmen al santuario de la Virgen de la Sierra, con caravanas que subían por las vueltas de la sierra. Era el broche de su generosa colaboración en la recuperación del santuario, cuyo camarín ya había arreglado en 1909-1910.
Cien años después, Antonio Ramón Jiménez Montes reconstruye aquella jornada a partir de las crónicas de «La Opinión»: el nuevo solado del templo, la limpieza del camarín, la mariposa de brillantes, esmeraldas y rubíes que regaló a la Virgen y la lápida de gratitud que sus herederos colocaron en 1938.



