Una pequeña torre del castillo de Cabra, asomada al antiguo cauce del río, se conoce como Torre Juana. Su nombre podría venir de Juana de Sousa, dama de extraordinaria belleza celebrada en el Cancionero de Baena y amante del rey Enrique II, iniciador de la dinastía Trastámara. Hacia 1378 nació, seguramente en ese castillo, su hijo Enrique de Castilla, conde de Cabra y duque de Medina Sidonia, que murió a los 27 años sin descendencia.
Antonio Ramón Jiménez Montes cuenta cómo Juana perdió la razón, quiso quedarse junto a la tumba de su hijo en la Mezquita-Catedral de Córdoba y dio pie a una leyenda: la de la dama que aún vaga por sus noches.




