En 1920, «La Opinión» y «El Popular» contaban una Cabra que acababa de salir de la epidemia de gripe y sufría la carestía de la vida, la falta de vivienda digna y las reclamaciones salariales. Entre suscripciones para solar el patio del santuario de la Virgen de la Sierra y para un monumento a Juan Valera, unas hojas anónimas injuriosas contra la patrona y su hermano mayor, Manuel Mora Aguilar, provocaron una oleada de protestas y un desagravio del ayuntamiento.
Antonio Ramón Jiménez Montes hojea aquellos periódicos, de las gacetillas a los anuncios, y descubre que, un siglo después, no hemos cambiado tanto.



