El olivar y el aceite forman parte de la historia de Cabra desde época romana: restos de molinos, ánforas selladas en Igabrum y elogios de geógrafos árabes. Las ordenanzas de 1593 regulaban el molino del Duque, monopolio de los condes de Cabra que un pleito de 1552 obligó a suavizar, y el Catastro de Ensenada (1752) registra ocho molinos en la villa y veintiuno en el término.
A partir de un reportaje del NO-DO rodado en el antiguo molino de Pallarés, Antonio Ramón Jiménez Montes explica cómo se molía la aceituna, cómo los nombres de aquellos molinos siguen vivos en la toponimia y por qué sigue siendo una gran riqueza para la ciudad.



