El culto cristiano a las Ánimas Benditas nació en la abadía de Cluny a finales del siglo X y se extendió con fuerza tras la Contrarreforma. En Cabra, la cofradía de Ánimas, con estatutos desde 1566, se unió a la de San Sebastián y después a la de la Aurora, cuyas coplas animeras pedían por los difuntos; en 1858, Isabel II le concedió cédula de aprobación.
Tras un fragmento del «Don Juan Tenorio» de Zorrilla, Antonio Ramón Jiménez Montes repasa la labor de estas cofradías en los entierros, la iconografía del purgatorio, las tradiciones de difuntos de España y América y nuestra manera actual de vivir la muerte.



