Con apenas quince años, Catalina de Aragón, la hija pequeña de los Reyes Católicos, partió de Granada para casarse con Arturo, príncipe de Gales, y acabaría siendo reina de Inglaterra como esposa de Enrique VIII. En su séquito, como embajadores de los reyes, iban el III conde de Cabra, Diego Fernández de Córdoba, y su madre, María Hurtado de Mendoza.
En la Semana Internacional de los Archivos, Antonio Ramón Jiménez Montes recuerda la formación de la infanta, primera mujer embajadora en Europa, el accidentado viaje por Santiago, La Coruña y Laredo hasta Inglaterra, el trompetero John Blanke y lo que cobraron los condes por cada día de viaje.




