El testamento de Aguilar y Eslava, abierto en 1679, pedía que el Real Colegio de la Purísima Concepción tuviera iglesia propia, donde se dijera misa por su alma y por la de los colegiales. En 1693, un breve del papa Inocencio XII autorizó el culto en el oratorio, y los obispos de la diócesis lo fueron refrendando en sus visitas hasta 1818.
En vísperas de la bendición del nuevo oratorio, Antonio Ramón Jiménez Montes repasa los documentos del archivo de la Fundación: los estatutos de 1700, que ya mandaban rezar la oración de la Sábana Santa, el gran lienzo de la Purísima del inventario de 1710, las capillas posteriores y la Purísima que José Garnelo pintó en 1895.




